Sé que te gusta esa canción, por eso la puse como título. Y es cierto: anoche soñé contigo, aunque a diferencia de Kevin Johansen, yo sí estaba durmiendo.
Creo que nunca había soñado contigo, y de hecho en los días previos no había pensado tanto en ti como en otras épocas, sin embargo anoche soñé contigo y fue un sueño muy claro.
Soñé que venías a mi casa en un Volkswagen Golf Classic Hatchback color gris metálico y que lo estacionabas en el garage de mi casa (sé que tienes auto pero no sé ni la marca ni el modelo) y que traías tu notebook malo, no sé si para arreglarlo o sólo lo trajiste sin intención alguna. Estabas vestido con una polera blanca, y tu computador era un Mac Book blanco. Te sentabas en el puesto de mi mamá en el comedor; yo estaba en mi puesto de siempre, o sea, estábamos de frente y mi mamá a mi izquierda. No había nadie más que nosotros tres. No hablaste y nadie habló tampoco, fue un sueño silencioso. Sentí que mi mamá sabía quién podías ser tú para mi.
Hoy desperté y pensé que aunque no tenemos ninguna clase de relación como corresponde a algo tradicional, y tampoco tenemos algo a nivel moderno (como opuesto a tradicional), lo que teníamos ya no estaba: últimamente, cada vez que hablamos es por cosas breves, ya no hay esas largas conversaciones que duraban hasta que te vencía el sueño, porque a mí, como sabes, el sueño rara vez me vence por mi insomnio. Sin embargo hoy tuvimos una conversación un poco más extensa, un punto medio entre las antigüas y las nuevas. Te quejaste de tu ex por algo bien concreto en que sabes yo soy lo opuesto, y por la forma en que me lo dijiste hoy, mi respuesta no fue por ningún motivo premeditada para que oyeras algo que me favoreciera.
Pero como siempre, te fuiste. Te fuiste para volver, y yo me pregunto ¿por qué no te vas y no vuelves más? No tengo el valor de irme yo pero necesito que no nos veamos más. Aunque el vernos sea algo tan etéreo como lo que tenemos.
viernes, 17 de abril de 2009
domingo, 5 de abril de 2009
Con palabras no dichas
Este blog ha tomado un curso diferente al parecer, pero bueno, no está mal tampoco.
Ya estamos en abril, y como les comentaba a ustedes (ustedes= nadie, al parecer), me dispuse a bloquear de MSN al "susodicho" y en efecto me resultó por unos días, pero terminé desbloqueándolo. Todo lo que quise hacer al final fue sólo un deseo que no se pudo llevar a la realidad. Fue un autoengaño, pero en lo más profundo quería hacerlo; en fin, no pude.
Han pasado dos meses así que no recuerdo muy bien las circunstancias en que volvimos a hablar, recuerdo ahora que me dijo "uff hace tiempo que no te veía" porque claro, lo tuve como una semana en no admitir.
Volví en ese momento a pasar por todos los malestares de antes y sin darme cuenta, empecé a dejar de frecuentar el chat, que para mí era el único vínculo entre mi vida dentro del clóset y el mundo gay... no entré más porque susodicho, a pesar de todo, era mi refugio. Increíble...
A fines de febrero logré concretar una idea que tenía hace mucho tiempo: escribirle una carta de despedida. Le hice una carta extensa, donde le decía varias cosas, donde le confesaba mi mayor dolor con él, el cual era el no haber sido lo que él buscaba... A renglón seguido le decía que quizás algún día podía transformarme en lo que él deseaba y que ahí estaría para él, pero por ahora era imposible. Le puse muchas cosas más, como mis buenos deseos con él y unos consejos también, aunque creo que no soy un experto para andar aconsejando a la gente, sobre todo a él que es un tipo que tiene mucha más cancha que yo.
La cosa es que terminé la carta y la guardé para mandársela cuando tuviera el valor. El problema es que nunca tenía el valor, hasta que cierto día pensé "weón, nunca vas a tener valor. Hazlo cuando se dé la ocasión no más". Y eso espero, la ocasión en que esté listo para perderlo.
Ya estamos en abril, y como les comentaba a ustedes (ustedes= nadie, al parecer), me dispuse a bloquear de MSN al "susodicho" y en efecto me resultó por unos días, pero terminé desbloqueándolo. Todo lo que quise hacer al final fue sólo un deseo que no se pudo llevar a la realidad. Fue un autoengaño, pero en lo más profundo quería hacerlo; en fin, no pude.
Han pasado dos meses así que no recuerdo muy bien las circunstancias en que volvimos a hablar, recuerdo ahora que me dijo "uff hace tiempo que no te veía" porque claro, lo tuve como una semana en no admitir.
Volví en ese momento a pasar por todos los malestares de antes y sin darme cuenta, empecé a dejar de frecuentar el chat, que para mí era el único vínculo entre mi vida dentro del clóset y el mundo gay... no entré más porque susodicho, a pesar de todo, era mi refugio. Increíble...
A fines de febrero logré concretar una idea que tenía hace mucho tiempo: escribirle una carta de despedida. Le hice una carta extensa, donde le decía varias cosas, donde le confesaba mi mayor dolor con él, el cual era el no haber sido lo que él buscaba... A renglón seguido le decía que quizás algún día podía transformarme en lo que él deseaba y que ahí estaría para él, pero por ahora era imposible. Le puse muchas cosas más, como mis buenos deseos con él y unos consejos también, aunque creo que no soy un experto para andar aconsejando a la gente, sobre todo a él que es un tipo que tiene mucha más cancha que yo.
La cosa es que terminé la carta y la guardé para mandársela cuando tuviera el valor. El problema es que nunca tenía el valor, hasta que cierto día pensé "weón, nunca vas a tener valor. Hazlo cuando se dé la ocasión no más". Y eso espero, la ocasión en que esté listo para perderlo.
miércoles, 28 de enero de 2009
Eres para no olvidar
En este blog parece que escribo solo para mí. Bueno, no importa.
También escribo un artículo al año, qué flojo soy jajaja, pero en verdad se me había olvidado el blog, espero poder retomarlo y usarlo como una especie de terapia o para lo que sea.
Hoy no voy a hablar del niño del que hablé en mi último posteo, sino que voy a hablar de otro sujeto. Aquel que me hizo olvidar al susodicho.
Lo conocí una tarde de otoño, como en abril de 2008 yo creo, porque fue él quien me dijo esa frase "es como aquel salvaje al que quieres domar" que puse en el artículo anterior. Lo conocí en un chat el cual no recuerdo cuál es, pero se dio la coincidencia que era de la misma ciudad a pesar de ser un chat nacional. Empezamos a chatear cada vez con más frecuencia y con él fui ganando confianza respecto a chatear porque nunca lo había hecho antes, de hecho fue el tercero o cuarto que agrego a MSN y el único hasta el momento con el que he hablado tanto.
Así empezó a pasar el tiempo y nuestras conversaciones pasaron de triviales a profundas, por cuanto los dos estamos en el clóset y yo al menos no tenía a nadie más que a él para conversar del tema. En nuestras conversaciones empezamos a darnos cuenta de la enorme cantidad de similitudes que tenemos en común, referentes a nuestros gustos, preferencias, formas de pensar, etcétera. De hecho era tanto a veces que él, poco dado a hablar en extenso, decía que le impresionaba lo parecido que éramos. Cuento corto: empecé a sentir cosas raras por él: necesitaba conversar con él cada día, necesitaba que él supiera de mi día y yo saber del suyo, y esto unido a nuestro parecido me hizo verlo como una media naranja. Sin embargo fue un proceso largo hasta darme cuenta de que estaba enganchadísimo a él, y cuando me empecé a dar cuenta fue muy duro para mí porque sabía que a él no lo podía tener por ser yo aquella clase de hombre que los gays rechazan a priori (si alguien lee esto y no sabe, piense 30 segundos y lo sabrá, pero se trata de algo que salta a la vista). Entonces fue ahi que empecé a sufrir, a pasarlo mal por dos motivos: el primero era que no iba a estar dispuesto a nada conmigo; y segundo, porque mi conciencia me incitaba fuertemente a decirle la verdad de mis sentimientos y no tenía el valor.
Acto seguido, aproximadamente en agosto, cae una bomba atómica en el centro de mi pecho: me cuenta que hace pocos días estaba andando con un tipo al que conoció por chat y al otro día de chatear por primera vez ya estaban andando. Justo en mi momento de mayor vulnerabilidad me cuenta esto lo cual me hizo sentir, por un lado, muy mal, porque andaba con otro y no conmigo, y porque andaba con un tipo que había conocido el día anterior y a mí que me conocía hace cuatro meses me trataba, a pesar de todo, como uno más de los que pululan alrededor del chat gay, lo cual para mí resulta ofensivo. Pero a pesar de todo, me sentía feliz por él porque él se expresaba contento por la situación y porque a mí me hacía feliz que él estuviera en una relación porque pensaba que se lo merecía.
El problema fue que mi fortaleza no duró mucho y porque él se empezó a comportar conmigo de manera tal que yo estaba seguro que intuía lo que sentía por él. Así que como al mes le dije lo que sentía. Recuerdo que le dije que estaba súper enganchado a él, a lo que él respondió que se sentía halagado pero que entendiera que él se encontraba en una relación. Luego de estas escuálidas palabras me cambió el tema y jamás volvimos a ser los de antes. Jamás se volvió a hablar del tema.
Resumiendo, según lo que me contaba con cuentagotas, la relación era insatisfactoria para él porque el andante no era lo que él pensaba que era. Según lo que interpreto de sus palabras, una vez que tuvieron amague de sexo el andante no se comportó como lo esperado y en ese momento la relación empezó un trayecto de colisión irremediable. Sin nadie que pusiera término oficial a la relación, ésta se extinguió tácitamente aproximadamente dos meses después de su inicio.
Nótese que cuando me comentó lo del sexo me sentí pésimo; creo que él no debiera haberme hablado del tema sabiendo lo que sentía por él.
Por nuestro lado, nuestra relación cambió cuando terminó con su andante. Nuestras palabras eran más afectivas pero eran sólo eso: palabras. También me di cuenta de que se puso muy frívolo y empecé a sentir miedo... a mí me encantan los hombres guapos y el sexo (a pesar que hasta hoy no he tenido) pero por la forma en que él hablaba sentía que se iba a meter con un desconocido en cuestión de días. Esos pensamientos causaban en mí gran angustia. Aparte nunca me preguntó sobre lo que yo sentía por él, de acaso por qué yo le había dicho lo que le dije cuando él estaba en una relación y no antes. Tampoco yo hablé del asunto pero le tiré cientos de indirectas ante las cuales sólo había como respuesta un rotundo silencio o una risa que daba paso al cambio de tema.
Entre medio lo pasé muy mal por esto, muchas veces me quedaba dormido entre lágrimas porque sentía impotencia de no poder tenerlo, y rabia por la forma en que me había tratado y su indiferencia hacia mí. Me dormí y desperté pensando en él todos los días por lo menos hasta diciembre, no sé cómo no me fue mal en la universidad. Hasta que el día llegó: una mañana luego de haberme quedado dormido llorando, desperté sin pensar en él y pasaron varias horas del día hasta recordarlo: lo estaba olvidando después de seis meses de tenerlo en mi cabeza 24/7.
Sabía que lo único que podía pasar en estos casos era tener una relación con él o erradicarlo de mi vida. Lo de la relación jamás iba a ocurrir por lo que tomé la decisión de sacarlo de mi vida, algo que era muy fácil ya que tenía sólo que borrarlo de MSN, pero nunca me hice de valor, ya que cuando me disponía a hacerlo este tipo se comportaba como si lo intuyera (porque yo no decía nada) y me decía algo que me llegaba al corazón, como su saludo de año nuevo por ejemplo. Pero cuando se fue de vacaciones y estuvo varios días sin meterse a messenger, lo hice. Sólo lo bloqueé de MSN, sólo el primer día del bloqueo lo vi conectado, de ahi en adelante nunca más se metió... quizás él también hizo lo mismo o puede haberse dado cuenta de lo que hice y él hizo lo mismo: simplemente extirparme de su vida.
Nunca fue mi intención tratarlo mal, no quiero ser un gallo malo pero no hay otra forma de terminar con ésto. No quise eliminarlo de MSN, no quise dejar de hablar con él, a pesar de cargarme que hablara de la cintura para abajo casi todo el tiempo. Quiero saber de él, quiero saludarlo para su cumpleaños, quiero preguntarle cómo está de vez en cuando...
También escribo un artículo al año, qué flojo soy jajaja, pero en verdad se me había olvidado el blog, espero poder retomarlo y usarlo como una especie de terapia o para lo que sea.
Hoy no voy a hablar del niño del que hablé en mi último posteo, sino que voy a hablar de otro sujeto. Aquel que me hizo olvidar al susodicho.
Lo conocí una tarde de otoño, como en abril de 2008 yo creo, porque fue él quien me dijo esa frase "es como aquel salvaje al que quieres domar" que puse en el artículo anterior. Lo conocí en un chat el cual no recuerdo cuál es, pero se dio la coincidencia que era de la misma ciudad a pesar de ser un chat nacional. Empezamos a chatear cada vez con más frecuencia y con él fui ganando confianza respecto a chatear porque nunca lo había hecho antes, de hecho fue el tercero o cuarto que agrego a MSN y el único hasta el momento con el que he hablado tanto.
Así empezó a pasar el tiempo y nuestras conversaciones pasaron de triviales a profundas, por cuanto los dos estamos en el clóset y yo al menos no tenía a nadie más que a él para conversar del tema. En nuestras conversaciones empezamos a darnos cuenta de la enorme cantidad de similitudes que tenemos en común, referentes a nuestros gustos, preferencias, formas de pensar, etcétera. De hecho era tanto a veces que él, poco dado a hablar en extenso, decía que le impresionaba lo parecido que éramos. Cuento corto: empecé a sentir cosas raras por él: necesitaba conversar con él cada día, necesitaba que él supiera de mi día y yo saber del suyo, y esto unido a nuestro parecido me hizo verlo como una media naranja. Sin embargo fue un proceso largo hasta darme cuenta de que estaba enganchadísimo a él, y cuando me empecé a dar cuenta fue muy duro para mí porque sabía que a él no lo podía tener por ser yo aquella clase de hombre que los gays rechazan a priori (si alguien lee esto y no sabe, piense 30 segundos y lo sabrá, pero se trata de algo que salta a la vista). Entonces fue ahi que empecé a sufrir, a pasarlo mal por dos motivos: el primero era que no iba a estar dispuesto a nada conmigo; y segundo, porque mi conciencia me incitaba fuertemente a decirle la verdad de mis sentimientos y no tenía el valor.
Acto seguido, aproximadamente en agosto, cae una bomba atómica en el centro de mi pecho: me cuenta que hace pocos días estaba andando con un tipo al que conoció por chat y al otro día de chatear por primera vez ya estaban andando. Justo en mi momento de mayor vulnerabilidad me cuenta esto lo cual me hizo sentir, por un lado, muy mal, porque andaba con otro y no conmigo, y porque andaba con un tipo que había conocido el día anterior y a mí que me conocía hace cuatro meses me trataba, a pesar de todo, como uno más de los que pululan alrededor del chat gay, lo cual para mí resulta ofensivo. Pero a pesar de todo, me sentía feliz por él porque él se expresaba contento por la situación y porque a mí me hacía feliz que él estuviera en una relación porque pensaba que se lo merecía.
El problema fue que mi fortaleza no duró mucho y porque él se empezó a comportar conmigo de manera tal que yo estaba seguro que intuía lo que sentía por él. Así que como al mes le dije lo que sentía. Recuerdo que le dije que estaba súper enganchado a él, a lo que él respondió que se sentía halagado pero que entendiera que él se encontraba en una relación. Luego de estas escuálidas palabras me cambió el tema y jamás volvimos a ser los de antes. Jamás se volvió a hablar del tema.
Resumiendo, según lo que me contaba con cuentagotas, la relación era insatisfactoria para él porque el andante no era lo que él pensaba que era. Según lo que interpreto de sus palabras, una vez que tuvieron amague de sexo el andante no se comportó como lo esperado y en ese momento la relación empezó un trayecto de colisión irremediable. Sin nadie que pusiera término oficial a la relación, ésta se extinguió tácitamente aproximadamente dos meses después de su inicio.
Nótese que cuando me comentó lo del sexo me sentí pésimo; creo que él no debiera haberme hablado del tema sabiendo lo que sentía por él.
Por nuestro lado, nuestra relación cambió cuando terminó con su andante. Nuestras palabras eran más afectivas pero eran sólo eso: palabras. También me di cuenta de que se puso muy frívolo y empecé a sentir miedo... a mí me encantan los hombres guapos y el sexo (a pesar que hasta hoy no he tenido) pero por la forma en que él hablaba sentía que se iba a meter con un desconocido en cuestión de días. Esos pensamientos causaban en mí gran angustia. Aparte nunca me preguntó sobre lo que yo sentía por él, de acaso por qué yo le había dicho lo que le dije cuando él estaba en una relación y no antes. Tampoco yo hablé del asunto pero le tiré cientos de indirectas ante las cuales sólo había como respuesta un rotundo silencio o una risa que daba paso al cambio de tema.
Entre medio lo pasé muy mal por esto, muchas veces me quedaba dormido entre lágrimas porque sentía impotencia de no poder tenerlo, y rabia por la forma en que me había tratado y su indiferencia hacia mí. Me dormí y desperté pensando en él todos los días por lo menos hasta diciembre, no sé cómo no me fue mal en la universidad. Hasta que el día llegó: una mañana luego de haberme quedado dormido llorando, desperté sin pensar en él y pasaron varias horas del día hasta recordarlo: lo estaba olvidando después de seis meses de tenerlo en mi cabeza 24/7.
Sabía que lo único que podía pasar en estos casos era tener una relación con él o erradicarlo de mi vida. Lo de la relación jamás iba a ocurrir por lo que tomé la decisión de sacarlo de mi vida, algo que era muy fácil ya que tenía sólo que borrarlo de MSN, pero nunca me hice de valor, ya que cuando me disponía a hacerlo este tipo se comportaba como si lo intuyera (porque yo no decía nada) y me decía algo que me llegaba al corazón, como su saludo de año nuevo por ejemplo. Pero cuando se fue de vacaciones y estuvo varios días sin meterse a messenger, lo hice. Sólo lo bloqueé de MSN, sólo el primer día del bloqueo lo vi conectado, de ahi en adelante nunca más se metió... quizás él también hizo lo mismo o puede haberse dado cuenta de lo que hice y él hizo lo mismo: simplemente extirparme de su vida.
Nunca fue mi intención tratarlo mal, no quiero ser un gallo malo pero no hay otra forma de terminar con ésto. No quise eliminarlo de MSN, no quise dejar de hablar con él, a pesar de cargarme que hablara de la cintura para abajo casi todo el tiempo. Quiero saber de él, quiero saludarlo para su cumpleaños, quiero preguntarle cómo está de vez en cuando...
miércoles, 28 de mayo de 2008
Aquel salvaje al que quiero domar - Introducción
Qué rabia, se me borró todo lo que había escrito! En fin…
No he mencionado que entré a mi actual carrera después de haber antes deambulado, por acobardado, por lo que soy un poco mayor que mis compañeros. Sólo un poco.
Ahora estoy en 2º año, pero como tengo algunos ramos de 1º, estoy con compañeros que tienen 18 años e incluso 17. Raro, cierto?
En una clase conjunta de primer año, donde éramos más de 100 personas apretujadas las unas con las otras, lo vi. Era un tipo –casi un niño- común y corriente, pero tenía una mirada distinta, difícil de describir. Ahí supe que existía y que iba a ser mi compañero. Eso y nada más.
Pocos días después, vino el mechoneo. Dentro de las típicas actividades que se le hacen a los mechones, contra su voluntad la mayoría de las veces, las minas empezaron a hormonizarse rápidamente, y el afectado fue…él. Lo hicieron subir a la mesa del profesor. Sin ganas, casi obligado, subió. Le sacaron la polera, y cuando quisieron seguir con los pantalones, se terminó el asunto y volvió a su puesto tal como antes.
Luego de eso, me fui a mi casa olvidando aquello que, francamente, no me había provocado nada. Sin embargo, en ese momento había reparado mejor en su existencia, y me di cuenta que un “algo” que tenía me gustaba, a pesar de no ser mi tipo. Una contradicción.
Pero aquello que sentía por él pasaría, de pronto, de suave a fuerte, pero de positivo a negativo. Le tomaría cierto desdén. Vamos a eso.
Una o dos semanas después, con la plata que le sacaron a los mechones, mis compañeros de 2º hicieron un “asado” para ellos. Llegamos al lugar con las cosas y los mechones brillaban por su ausencia. “Están en clases y no quisieron faltar”. “Llegan a las 2”. Quería verlo, verlo fuera de la sala donde aún los mechones se comportaban como bichos raros, como niños nuevos.
Al fin llegaron, y él también, y empezó la fiesta. Me saltaré algunas cosas, pero el hecho fue , después y por culpa del alcohol, este mechón casi se agarra a pelear con un compañero de mi generación. Como a este compañero lo estimo mucho, no fue difícil achacarle al mechón toda la culpa (que la tiene, por cierto), tildándolo de pendejo estirado, que no sabe lo que le espera.
Ahí me enteré que no era la primera vez que se agarraba con alguien de 2º, sino que era… la tercera! Por lo que, medio en broma, medio en serio, y gracias al gentil auspicio del alcohol, nos pusimos de acuerdo en que no iba a haber una cuarta vez: para la próxima, le íbamos a sacar la cresta, fuese quien fuese el afectado. Ahí cambió mi percepción hacia él.
Los próximos días lo miraba con un dejo de rabia, con ganas de ponerle un combo en plena cara, romperle su nariz perfecta… Hasta que cierto día lo encontré en la biblioteca, algo complicado porque no sabía cómo se llamaba el libro que necesitaba para la prueba. Ahí le hablé por primera vez, y él también a mí, con pocas y rudas palabras, y con su característica voz desafinada. Con eso bastó para que me terminara de atraer profundamente. Algo así como “el enamoramiento”. Luego vinieron los días de contemplación y mucha imaginación que duran hasta hoy.
Me pasa algo raro con él, algo distinto. A todos los otros que me han gustado los he mirado con ¿lujuria?, queriendo que ellos me “enseñen”. A este tipo lo miro de otra forma, menos contemplativa y más activa. Imagino que entre los dos el que manda soy yo. Yo guío el buque y él es mi alumno-ayudante, quien aprende de mí pero me enseña también.
“Es como aquel salvaje al que quieres domar”, dijo un amigo.
Creo que tiene razón. Me gusta un tipo rudo, tosco y medio salvaje, que además tiene una postura (postura de posición y no de actitud) casi “neandertal” que me fascina. Alguien que no es mi tipo, que es “promedio”, pero al que le he identificado muchas cosas buenas, a pesar de todo (y vaya que tiene cosas buenas :D). Alguien a quien quiero domar, que me dan ganas de pulir de su estado bruto porque sé que tiene potencial y que hay algo aún mejor debajo de sí.
Por lo anterior, es que estoy decidido a dar el próximo paso, de todas maneras un paso corto y no un tranco. Ahora quiero conocerlo más, conocer su otra faceta y ver con qué me encuentro. Con eso me basta y me sobra por ahora.
No he mencionado que entré a mi actual carrera después de haber antes deambulado, por acobardado, por lo que soy un poco mayor que mis compañeros. Sólo un poco.
Ahora estoy en 2º año, pero como tengo algunos ramos de 1º, estoy con compañeros que tienen 18 años e incluso 17. Raro, cierto?
En una clase conjunta de primer año, donde éramos más de 100 personas apretujadas las unas con las otras, lo vi. Era un tipo –casi un niño- común y corriente, pero tenía una mirada distinta, difícil de describir. Ahí supe que existía y que iba a ser mi compañero. Eso y nada más.
Pocos días después, vino el mechoneo. Dentro de las típicas actividades que se le hacen a los mechones, contra su voluntad la mayoría de las veces, las minas empezaron a hormonizarse rápidamente, y el afectado fue…él. Lo hicieron subir a la mesa del profesor. Sin ganas, casi obligado, subió. Le sacaron la polera, y cuando quisieron seguir con los pantalones, se terminó el asunto y volvió a su puesto tal como antes.
Luego de eso, me fui a mi casa olvidando aquello que, francamente, no me había provocado nada. Sin embargo, en ese momento había reparado mejor en su existencia, y me di cuenta que un “algo” que tenía me gustaba, a pesar de no ser mi tipo. Una contradicción.
Pero aquello que sentía por él pasaría, de pronto, de suave a fuerte, pero de positivo a negativo. Le tomaría cierto desdén. Vamos a eso.
Una o dos semanas después, con la plata que le sacaron a los mechones, mis compañeros de 2º hicieron un “asado” para ellos. Llegamos al lugar con las cosas y los mechones brillaban por su ausencia. “Están en clases y no quisieron faltar”. “Llegan a las 2”. Quería verlo, verlo fuera de la sala donde aún los mechones se comportaban como bichos raros, como niños nuevos.
Al fin llegaron, y él también, y empezó la fiesta. Me saltaré algunas cosas, pero el hecho fue , después y por culpa del alcohol, este mechón casi se agarra a pelear con un compañero de mi generación. Como a este compañero lo estimo mucho, no fue difícil achacarle al mechón toda la culpa (que la tiene, por cierto), tildándolo de pendejo estirado, que no sabe lo que le espera.
Ahí me enteré que no era la primera vez que se agarraba con alguien de 2º, sino que era… la tercera! Por lo que, medio en broma, medio en serio, y gracias al gentil auspicio del alcohol, nos pusimos de acuerdo en que no iba a haber una cuarta vez: para la próxima, le íbamos a sacar la cresta, fuese quien fuese el afectado. Ahí cambió mi percepción hacia él.
Los próximos días lo miraba con un dejo de rabia, con ganas de ponerle un combo en plena cara, romperle su nariz perfecta… Hasta que cierto día lo encontré en la biblioteca, algo complicado porque no sabía cómo se llamaba el libro que necesitaba para la prueba. Ahí le hablé por primera vez, y él también a mí, con pocas y rudas palabras, y con su característica voz desafinada. Con eso bastó para que me terminara de atraer profundamente. Algo así como “el enamoramiento”. Luego vinieron los días de contemplación y mucha imaginación que duran hasta hoy.
Me pasa algo raro con él, algo distinto. A todos los otros que me han gustado los he mirado con ¿lujuria?, queriendo que ellos me “enseñen”. A este tipo lo miro de otra forma, menos contemplativa y más activa. Imagino que entre los dos el que manda soy yo. Yo guío el buque y él es mi alumno-ayudante, quien aprende de mí pero me enseña también.
“Es como aquel salvaje al que quieres domar”, dijo un amigo.
Creo que tiene razón. Me gusta un tipo rudo, tosco y medio salvaje, que además tiene una postura (postura de posición y no de actitud) casi “neandertal” que me fascina. Alguien que no es mi tipo, que es “promedio”, pero al que le he identificado muchas cosas buenas, a pesar de todo (y vaya que tiene cosas buenas :D). Alguien a quien quiero domar, que me dan ganas de pulir de su estado bruto porque sé que tiene potencial y que hay algo aún mejor debajo de sí.
Por lo anterior, es que estoy decidido a dar el próximo paso, de todas maneras un paso corto y no un tranco. Ahora quiero conocerlo más, conocer su otra faceta y ver con qué me encuentro. Con eso me basta y me sobra por ahora.
miércoles, 14 de mayo de 2008
El fin último
Los seres humanos emprendemos variadas actividades en nuestro quehacer habitual, tales como trabajar, juntarnos con amigos, conquistar y dejarnos conquistar, estudiar, leer, ver televisión y un largo etcétera.
A propósito de nuestras actividades, raramente nos detenemos a razonar sobre el por qué de nuestro proceder.
¿Por qué estudio?
¿Por qué trabajo?
¿Por qué voy al gimnasio?
¿Por qué quiero estar con esa persona?
Surgen distintas respuestas. Para la primera pregunta, se podría responder: para aprobar los ramos. A la segunda, para ganar dinero. A la tercera, para robustecerme. A la cuarta suele responderse "porque sí" o "no sé". Claramente esas respuestas son todas replanteables como preguntas.
Aristóteles descubrió hace dos mil quinientos años ese "fin último", la respuesta final a esas y a todas las preguntas. Él dijo que la respuesta es "la felicidad". Todos buscamos ser felices.
¿Qué tal si todos actuáramos en pos de esa respuesta? Tenerla siempre presente es la premisa.
A propósito de nuestras actividades, raramente nos detenemos a razonar sobre el por qué de nuestro proceder.
¿Por qué estudio?
¿Por qué trabajo?
¿Por qué voy al gimnasio?
¿Por qué quiero estar con esa persona?
Surgen distintas respuestas. Para la primera pregunta, se podría responder: para aprobar los ramos. A la segunda, para ganar dinero. A la tercera, para robustecerme. A la cuarta suele responderse "porque sí" o "no sé". Claramente esas respuestas son todas replanteables como preguntas.
Aristóteles descubrió hace dos mil quinientos años ese "fin último", la respuesta final a esas y a todas las preguntas. Él dijo que la respuesta es "la felicidad". Todos buscamos ser felices.
¿Qué tal si todos actuáramos en pos de esa respuesta? Tenerla siempre presente es la premisa.
jueves, 18 de octubre de 2007
Envidia sana?
Tengo envidia, y no me gusta, porque envidio a mi mejor amigo!
Últimamente, se ha convertido en alguien más popular con las mujeres (pasó de ser el virgen cuatrojos a comprador habitual de preservativos), está en lo que le gusta y la gente lo nota, su situación económica pasa por un momento muy próspero, y las mujeres (y los hombres también) se dan vuelta a mirarlo en la calle.
Para mí, que soy su amigo hace diez años y que somos como hermanos, debería alegrarme. Y, en efecto, me alegra mucho esta nueva etapa en él. Pero hay algo, "una fuerza desconocida", que me hace sentir envidia o algo similar hacia él... y no me gusta para nada esa sensación. He escuchado por ahí que es normal que los amigos se envidien entre ellos, y en una de esas es cierto aquello, pero igual me siento mal con mi fuero interno... es lo peor sentirse así.
Y tu, envidias a tus amigos?
Últimamente, se ha convertido en alguien más popular con las mujeres (pasó de ser el virgen cuatrojos a comprador habitual de preservativos), está en lo que le gusta y la gente lo nota, su situación económica pasa por un momento muy próspero, y las mujeres (y los hombres también) se dan vuelta a mirarlo en la calle.
Para mí, que soy su amigo hace diez años y que somos como hermanos, debería alegrarme. Y, en efecto, me alegra mucho esta nueva etapa en él. Pero hay algo, "una fuerza desconocida", que me hace sentir envidia o algo similar hacia él... y no me gusta para nada esa sensación. He escuchado por ahí que es normal que los amigos se envidien entre ellos, y en una de esas es cierto aquello, pero igual me siento mal con mi fuero interno... es lo peor sentirse así.
Y tu, envidias a tus amigos?
domingo, 14 de octubre de 2007
Know yourself, make yourself...
A raíz de una terapia a la que me sometí y por una razón que explicaré otro día, descubrí un rasgo de mi personalidad que jamás pensé que tenía: soy autodestructivo por esencia, genéticamente, constitutivamente... como quieran llamarlo.
Cada tarea que emprendo puedo echarla a perder. También eso se proyecta en las tareas que VOY a emprender, por lo que, a priori, me pongo el parche antes de la herida y simplemente no hago las cosas... me "corro" de esas tareas, dentro de las que puedo enumerar, las relaciones de pareja y cultivar nuevos amigos.
Mi rasgo autodestructivo, como pueden suponer, me ha hecho sufrir y me ha coartado en algo tan trascendental como relacionarme afectivamente con alguien. Es difícil de comprender, pero a los 22 años que ya tengo, jamás he tenido relación afectiva con alguien. Es cierto, no soy de lo más agraciado, pero soy conciente de que "a nadie le falta Dios" y por eso mi angustia ante ello.
Veo en ms amigos y gente cercana, de una edad equivalente, que ya han tenido varias experiencias, unas más profundas que otras, en las que han aprendido mucho acerca del amor y obviamente de la vida. A esos sucesos me he sustraído sistemáticamente por mi personalidad.
Cuando supe que tenía esa característica me resistí estoicamente a aceptarlo: no entendía cómo una persona podía querer que la fuera mal en algo. Después de un tiempo, ya lo he aceptado e internalizado como un rasgo -feo- de mi constitución, por lo que a continuación viene la manera de enfrentarlo. Es eso lo que me falta para empezar a destruir la enorme dificultad que se me presenta en la vida diaria mis quehaceres más cotidianos, tales como el estudiar, para comenzar a trabajar en ello y así sacarme un poco la presión que llevo y comenzar a ser un poco más feliz, porque creo que lo merezco.
Cada tarea que emprendo puedo echarla a perder. También eso se proyecta en las tareas que VOY a emprender, por lo que, a priori, me pongo el parche antes de la herida y simplemente no hago las cosas... me "corro" de esas tareas, dentro de las que puedo enumerar, las relaciones de pareja y cultivar nuevos amigos.
Mi rasgo autodestructivo, como pueden suponer, me ha hecho sufrir y me ha coartado en algo tan trascendental como relacionarme afectivamente con alguien. Es difícil de comprender, pero a los 22 años que ya tengo, jamás he tenido relación afectiva con alguien. Es cierto, no soy de lo más agraciado, pero soy conciente de que "a nadie le falta Dios" y por eso mi angustia ante ello.
Veo en ms amigos y gente cercana, de una edad equivalente, que ya han tenido varias experiencias, unas más profundas que otras, en las que han aprendido mucho acerca del amor y obviamente de la vida. A esos sucesos me he sustraído sistemáticamente por mi personalidad.
Cuando supe que tenía esa característica me resistí estoicamente a aceptarlo: no entendía cómo una persona podía querer que la fuera mal en algo. Después de un tiempo, ya lo he aceptado e internalizado como un rasgo -feo- de mi constitución, por lo que a continuación viene la manera de enfrentarlo. Es eso lo que me falta para empezar a destruir la enorme dificultad que se me presenta en la vida diaria mis quehaceres más cotidianos, tales como el estudiar, para comenzar a trabajar en ello y así sacarme un poco la presión que llevo y comenzar a ser un poco más feliz, porque creo que lo merezco.
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