Reprobé una asignatura en la universidad, la más importante, y lo peor es que la reprobé estudiando demasiado y con buen promedio. Las injusticias de la vida y los fantasmas de los exámenes orales.
Vino Andrés Calamaro, mi artista favorito. Por supuesto que lo fui a ver y lo pasé de maravillas. Al Pato también le encanta, supongo que estuvimos muy cerca disfrutando del gran andrelo, ídolo de multitudes. Pero por ir a ver a Calamaro me distraje a tal nivel que tuve que patear un examen, el cual rendí exitosamente el 25 de enero, por lo que recién ese día salí de vacaciones.
Esta temporada de exámenes sin duda ha sido la peor de todas, aún no me repongo y en unas horas se inicia el nuevo periodo académico. Ya estoy viejo y no puedo hacer las cosas como antes.
Hace unas semanas conocí a un niño, salimos, lo pasamos bien, me gustaba desde hace mucho, supongo que desde que dejé atrás a Pato y me di cuenta que existían otros hombres que me podían gustar. Caminamos, comimos, tomamos y bailamos, pero el terremoto aguó la fiesta y no se pudo concretar nada más allá, lamentablemente. Este niño, aún sin nombre, me tiene un tanto prendado, pero no me he hecho expectativas por razones un tanto fuera de mi control, sobre todo por un asunto de distancia.
Sigamos hablando del Pato, al cual me he referido como "susodicho".
Hace 9 meses (un embarazo, parto incluido) que no hablamos. Por supuesto que no lo he olvidado, cada día que pasa tengo un recuerdo para él. No me he ido a mi cama ningún día de estos últimos 18 o más meses sin pensar en él. Sin embargo, ya no lloro por él, ya no me angustia su ausencia, y de cierta forma he ido olvidándolo, siendo hoy en día más que nada un buen recuerdo de una persona importante que creo nunca olvidaré del todo.
En octubre me decidí a escribirle un correo, en el que le dije varias de mis verdades. Le dije por qué me había ido para no volver, y muchas otras cosas. Le dije que no quería que mi desazón por él se convirtiera en desprecio constante, y por sobre todo, le confidencié que sentía que pronto iba a estar en pareja y no iba a poder soportar eso. Sin embargo, califiqué mi sentimiento hacia él con la expresión "obsesión", palabra que creo es demasiado exagerada, y que en el fondo usé porque no quería poner "enamoramiento" ni encontré una mejor. Al final le expresé mis mejores deseos y buenas palabras, todo lo que se merecía.
Escribí el mail con un poco de ganas de que me respondiese, pero no lo hizo. En todo caso, no me enojo por eso, el tenor del mail fue un tanto intenso y seguramente fue un poquito indigerible.
Pasó el tiempo y llegó el año nuevo, siempre cargado de buenos deseos. Recordé que Pato me había escrito algo para esa fecha del año anterior, deseándome tantas cosas lindas... esa vez me emocioné, y quise saludarlo esta vez. Me costó tomar la decisión por lo que lo saludé un poco fuera de plazo, pero igual valió la pena. Le deseé lo típico para estas fechas, y le dije que la palabra "obsesión" utilizada en el mail anterior era un tanto exagerada, pero que aún así que esa y otras palabras por muy fuertes que fueran, expresaban bien lo que quería decirle. Le pedí finalmente que me respondiera algo, ya que lo extrañaba. Y así fue, después de 7 meses, obtuve una señal de vida de él. Me respondió con afecto, diciendo que él había querido escribir pero lo había olvidado. Que estaba contento por saber de mí. Hizo recuerdo de un momento muy especial que tuvimos muy cerca del momento del adiós y se despidió con un abrazo a la distancia. Un gesto para mí emocionante.
Y así siguió mi vida, fundamentalmente flojeando un montón producto del horrible año 2009 que tuve. Y llegó el terremoto. La electricidad volvió a mi casa a las 4 de la tarde del mismo día y casi de inmediato le escribí un escueto mail preguntando cómo estaba. Su respuesta era que estaba bien, sin novedad, pero lo sorprendente de todo esto es que me invitó a conversar con él un día, me invitó a salir con él. Dijo que le gustaría aclarar detalles que "con la bola de nieve nunca aclaré". Eso no lo entendí, pero lo medular es que quiere conversar conmigo de cosas de él, supongo. Dijo que me iba a avisar, y aún espero. Debo admitir que estoy nervioso, yo jamás me hubiera atrevido a invitarlo a salir conmigo y le agradezco su gesto. Sé que cuando lo vea ante mí, un torrente de recuerdos vendrá a mi memoria y no podré hacer otra cosa que apretarlo duro contra mí y eventualmente emocionarme como lo estoy haciendo en este momento. El momento del encuentro habrá llegado.
No quiero hacerme ninguna expectativa, tanto porque he logrado olvidarlo un poco, como por el hecho que no le atraigo, como por el hecho de que hay otras personas que me interesan y por ende mi foco de atención está, al menos, repartido. Pero si pienso positivo, y en algún momento pasa algo que dé pie a una relación, todo lo demás se irá al demonio en ese mismo instante.
Nos vemos pronto.