martes, 16 de marzo de 2010

Cómo pasa el tiempo...

Hace 7 meses que no escribo un post aquí, y pasaron hartas cosas, incluso hubo un terremoto de por medio.

Reprobé una asignatura en la universidad, la más importante, y lo peor es que la reprobé estudiando demasiado y con buen promedio. Las injusticias de la vida y los fantasmas de los exámenes orales.

Vino Andrés Calamaro, mi artista favorito. Por supuesto que lo fui a ver y lo pasé de maravillas. Al Pato también le encanta, supongo que estuvimos muy cerca disfrutando del gran andrelo, ídolo de multitudes. Pero por ir a ver a Calamaro me distraje a tal nivel que tuve que patear un examen, el cual rendí exitosamente el 25 de enero, por lo que recién ese día salí de vacaciones.

Esta temporada de exámenes sin duda ha sido la peor de todas, aún no me repongo y en unas horas se inicia el nuevo periodo académico. Ya estoy viejo y no puedo hacer las cosas como antes.

Hace unas semanas conocí a un niño, salimos, lo pasamos bien, me gustaba desde hace mucho, supongo que desde que dejé atrás a Pato y me di cuenta que existían otros hombres que me podían gustar. Caminamos, comimos, tomamos y bailamos, pero el terremoto aguó la fiesta y no se pudo concretar nada más allá, lamentablemente. Este niño, aún sin nombre, me tiene un tanto prendado, pero no me he hecho expectativas por razones un tanto fuera de mi control, sobre todo por un asunto de distancia.

Sigamos hablando del Pato, al cual me he referido como "susodicho".

Hace 9 meses (un embarazo, parto incluido) que no hablamos. Por supuesto que no lo he olvidado, cada día que pasa tengo un recuerdo para él. No me he ido a mi cama ningún día de estos últimos 18 o más meses sin pensar en él. Sin embargo, ya no lloro por él, ya no me angustia su ausencia, y de cierta forma he ido olvidándolo, siendo hoy en día más que nada un buen recuerdo de una persona importante que creo nunca olvidaré del todo.

En octubre me decidí a escribirle un correo, en el que le dije varias de mis verdades. Le dije por qué me había ido para no volver, y muchas otras cosas. Le dije que no quería que mi desazón por él se convirtiera en desprecio constante, y por sobre todo, le confidencié que sentía que pronto iba a estar en pareja y no iba a poder soportar eso. Sin embargo, califiqué mi sentimiento hacia él con la expresión "obsesión", palabra que creo es demasiado exagerada, y que en el fondo usé porque no quería poner "enamoramiento" ni encontré una mejor. Al final le expresé mis mejores deseos y buenas palabras, todo lo que se merecía.

Escribí el mail con un poco de ganas de que me respondiese, pero no lo hizo. En todo caso, no me enojo por eso, el tenor del mail fue un tanto intenso y seguramente fue un poquito indigerible.

Pasó el tiempo y llegó el año nuevo, siempre cargado de buenos deseos. Recordé que Pato me había escrito algo para esa fecha del año anterior, deseándome tantas cosas lindas... esa vez me emocioné, y quise saludarlo esta vez. Me costó tomar la decisión por lo que lo saludé un poco fuera de plazo, pero igual valió la pena. Le deseé lo típico para estas fechas, y le dije que la palabra "obsesión" utilizada en el mail anterior era un tanto exagerada, pero que aún así que esa y otras palabras por muy fuertes que fueran, expresaban bien lo que quería decirle. Le pedí finalmente que me respondiera algo, ya que lo extrañaba. Y así fue, después de 7 meses, obtuve una señal de vida de él. Me respondió con afecto, diciendo que él había querido escribir pero lo había olvidado. Que estaba contento por saber de mí. Hizo recuerdo de un momento muy especial que tuvimos muy cerca del momento del adiós y se despidió con un abrazo a la distancia. Un gesto para mí emocionante.

Y así siguió mi vida, fundamentalmente flojeando un montón producto del horrible año 2009 que tuve. Y llegó el terremoto. La electricidad volvió a mi casa a las 4 de la tarde del mismo día y casi de inmediato le escribí un escueto mail preguntando cómo estaba. Su respuesta era que estaba bien, sin novedad, pero lo sorprendente de todo esto es que me invitó a conversar con él un día, me invitó a salir con él. Dijo que le gustaría aclarar detalles que "con la bola de nieve nunca aclaré". Eso no lo entendí, pero lo medular es que quiere conversar conmigo de cosas de él, supongo. Dijo que me iba a avisar, y aún espero. Debo admitir que estoy nervioso, yo jamás me hubiera atrevido a invitarlo a salir conmigo y le agradezco su gesto. Sé que cuando lo vea ante mí, un torrente de recuerdos vendrá a mi memoria y no podré hacer otra cosa que apretarlo duro contra mí y eventualmente emocionarme como lo estoy haciendo en este momento. El momento del encuentro habrá llegado.

No quiero hacerme ninguna expectativa, tanto porque he logrado olvidarlo un poco, como por el hecho que no le atraigo, como por el hecho de que hay otras personas que me interesan y por ende mi foco de atención está, al menos, repartido. Pero si pienso positivo, y en algún momento pasa algo que dé pie a una relación, todo lo demás se irá al demonio en ese mismo instante.

Nos vemos pronto.



viernes, 14 de agosto de 2009

Menos duele

Y pasaron dos meses.

Aunque no hay día en que no lo recuerde, aunque todos los días me sienta apenado por no haberlo tenido ni por tenerlo jamás, lo estoy sobrellevando cada día mejor.

Nunca me buscó. Y pronto estará de cumpleaños, y no puedo negar que me dan ganas de aprovechar la fecha para escribirle.

Aún tengo tiempo para pensarlo.

¿Pasaré agosto?

viernes, 26 de junio de 2009

Buenas noches, y buena suerte

Andrés Calamaro - Pato trabaja en una carnicería

Increíble... han pasado 15 días, todavía no creo que haya podido llegar tan lejos.

Se ha ido.

Lo extraño, pero fue lo mejor que pude hacer. Siento que lo necesito, pero al tiro recuerdo que él es más que un mino agradable: tiene su lado B muy negativo.

Aunque pueden ser puras excusas mías para olvidarlo.

Lo recuerdo a cada instante, escucho su nombre y al tiro viene a mi mente, pero se ha ido y no quiero que vuelva. Bueno, quiero, pero no quiero.

Quisiera haberlo hecho distinto, pero de qué hubiera servido. Podría haberle escrito algo como despedida, pero para qué?

Quisiera saber que piensa, pero no quiero saber lo que piensa, porque seguramente no piensa nada: no me extraña, no piensa en mí y no piensa por qué ya no me ve más.

Perdona por no haber sido lo que buscabas.

Éxito en tu vida, ojalá consigas todo lo que quieres y mereces.

viernes, 5 de junio de 2009

Soy uno más del montón en la máquina del tiempo

Estoy triste y no sé cómo empezar esta entrada.

Me miro al espejo y veo a alguien. Me miro hacia adentro, en retrospectiva, y veo a alguien triste, encerrado en un cuerpo que no le pertenece, anclado a una forma de vida que no quiere. Susodicho es alguien que me hace mirarme y evidenciarme como el ser humano patético que soy. En el tiempo que lo conozco, él ha cambiado mucho, y yo aunque siempre quiero cambiar nunca lo logro, siempre me quedo atado en la pasividad. Ahora cuando hablamos él siempre está contento, y yo muchas veces le digo que estoy bien: le miento para que él no salga de su estado de bienestar. Por otro lado, decidió cambiar su aspecto de tipo normal por uno más fuerte... algo que a mí no me convence; ya dije antes que este tipo era muy superficial, sin embargo querer cambiar es mejor que quedarse en los laureles como yo. Al menos los logros que ha conseguido lo enorgullecen, a mí no me enorgullece ni mi estatura (me he dado cuenta de que me la envidian un poquito a pesar de no ser tanto 1,86 mt) ni el haber obtenido el año pasado un promedio que me permitirá acceder a un premio otorgado por el bienestar de la empresa de mi papá.

Me siento mal, susodicho se aleja cada vez más de mi y yo no logro acercarme a él. Él es otro, tiene proyectos de vida, de irse a estudiar afuera, además trabaja su cuerpo (este tópico me parece poco alabable, sin embargo tener un objetivo de vida, por muy superficial que sea, es loable), y ha cambiado su forma instrumental-utilitarista de ver la vida, aunque en eso aún va lento.

Yo por lo pronto sigo atado a un cuerpo que siento no me pertenece, atado a los mismos vicios del estudio que me hacen pensar que nunca podré terminar una carrera, con las mismas creencias, con el mismo mal carácter que atribuyo a mis fracasos, nulos avances y falta de cariño que padezco.

Siento con fuerza las ganas de separarme de susodicho para siempre, porque cada vez somos más distintos, distintos además en cosas trascendentales. No digo que uno de los dos sea más malo que el otro, sino que somos diferentes y hay diferencias que son irreconciliables. Lo que él hace con su cuerpo es, para mí, síntoma de una superficialidad intolerable, aunque obviamente dice lo contrario, pero creo que se engaña a sí mismo. Prácticamente estoy seguro.

Por eso es que ya no quiero estar más cerca de él: somos dos personas muy diferentes con visiones de mundo aparte. Pero todo en la vida me cuesta: me cuesta estudiar, me cuesta dormir y levantarme, me cuesta hacer algo por mí... y me cuesta dejarlo, no sé cómo hacerlo, o mejor dicho sí se como hacerlo, lo que necesito es que la chispa de la vida me mueva a hacer algo por mí, y a hacer algo que implique la separación de nosotros dos. Es un gran anhelo que sigue y aparentemente seguirá incumplido.

Quién podrá ayudarme?

viernes, 17 de abril de 2009

Anoche soñé contigo

Sé que te gusta esa canción, por eso la puse como título. Y es cierto: anoche soñé contigo, aunque a diferencia de Kevin Johansen, yo sí estaba durmiendo.

Creo que nunca había soñado contigo, y de hecho en los días previos no había pensado tanto en ti como en otras épocas, sin embargo anoche soñé contigo y fue un sueño muy claro.

Soñé que venías a mi casa en un Volkswagen Golf Classic Hatchback color gris metálico y que lo estacionabas en el garage de mi casa (sé que tienes auto pero no sé ni la marca ni el modelo) y que traías tu notebook malo, no sé si para arreglarlo o sólo lo trajiste sin intención alguna. Estabas vestido con una polera blanca, y tu computador era un Mac Book blanco. Te sentabas en el puesto de mi mamá en el comedor; yo estaba en mi puesto de siempre, o sea, estábamos de frente y mi mamá a mi izquierda. No había nadie más que nosotros tres. No hablaste y nadie habló tampoco, fue un sueño silencioso. Sentí que mi mamá sabía quién podías ser tú para mi.

Hoy desperté y pensé que aunque no tenemos ninguna clase de relación como corresponde a algo tradicional, y tampoco tenemos algo a nivel moderno (como opuesto a tradicional), lo que teníamos ya no estaba: últimamente, cada vez que hablamos es por cosas breves, ya no hay esas largas conversaciones que duraban hasta que te vencía el sueño, porque a mí, como sabes, el sueño rara vez me vence por mi insomnio. Sin embargo hoy tuvimos una conversación un poco más extensa, un punto medio entre las antigüas y las nuevas. Te quejaste de tu ex por algo bien concreto en que sabes yo soy lo opuesto, y por la forma en que me lo dijiste hoy, mi respuesta no fue por ningún motivo premeditada para que oyeras algo que me favoreciera.

Pero como siempre, te fuiste. Te fuiste para volver, y yo me pregunto ¿por qué no te vas y no vuelves más? No tengo el valor de irme yo pero necesito que no nos veamos más. Aunque el vernos sea algo tan etéreo como lo que tenemos.

domingo, 5 de abril de 2009

Con palabras no dichas

Este blog ha tomado un curso diferente al parecer, pero bueno, no está mal tampoco.

Ya estamos en abril, y como les comentaba a ustedes (ustedes= nadie, al parecer), me dispuse a bloquear de MSN al "susodicho" y en efecto me resultó por unos días, pero terminé desbloqueándolo. Todo lo que quise hacer al final fue sólo un deseo que no se pudo llevar a la realidad. Fue un autoengaño, pero en lo más profundo quería hacerlo; en fin, no pude.

Han pasado dos meses así que no recuerdo muy bien las circunstancias en que volvimos a hablar, recuerdo ahora que me dijo "uff hace tiempo que no te veía" porque claro, lo tuve como una semana en no admitir.

Volví en ese momento a pasar por todos los malestares de antes y sin darme cuenta, empecé a dejar de frecuentar el chat, que para mí era el único vínculo entre mi vida dentro del clóset y el mundo gay... no entré más porque susodicho, a pesar de todo, era mi refugio. Increíble...

A fines de febrero logré concretar una idea que tenía hace mucho tiempo: escribirle una carta de despedida. Le hice una carta extensa, donde le decía varias cosas, donde le confesaba mi mayor dolor con él, el cual era el no haber sido lo que él buscaba... A renglón seguido le decía que quizás algún día podía transformarme en lo que él deseaba y que ahí estaría para él, pero por ahora era imposible. Le puse muchas cosas más, como mis buenos deseos con él y unos consejos también, aunque creo que no soy un experto para andar aconsejando a la gente, sobre todo a él que es un tipo que tiene mucha más cancha que yo.

La cosa es que terminé la carta y la guardé para mandársela cuando tuviera el valor. El problema es que nunca tenía el valor, hasta que cierto día pensé "weón, nunca vas a tener valor. Hazlo cuando se dé la ocasión no más". Y eso espero, la ocasión en que esté listo para perderlo.

miércoles, 28 de enero de 2009

Eres para no olvidar

En este blog parece que escribo solo para mí. Bueno, no importa.

También escribo un artículo al año, qué flojo soy jajaja, pero en verdad se me había olvidado el blog, espero poder retomarlo y usarlo como una especie de terapia o para lo que sea.

Hoy no voy a hablar del niño del que hablé en mi último posteo, sino que voy a hablar de otro sujeto. Aquel que me hizo olvidar al susodicho.

Lo conocí una tarde de otoño, como en abril de 2008 yo creo, porque fue él quien me dijo esa frase "es como aquel salvaje al que quieres domar" que puse en el artículo anterior. Lo conocí en un chat el cual no recuerdo cuál es, pero se dio la coincidencia que era de la misma ciudad a pesar de ser un chat nacional. Empezamos a chatear cada vez con más frecuencia y con él fui ganando confianza respecto a chatear porque nunca lo había hecho antes, de hecho fue el tercero o cuarto que agrego a MSN y el único hasta el momento con el que he hablado tanto.

Así empezó a pasar el tiempo y nuestras conversaciones pasaron de triviales a profundas, por cuanto los dos estamos en el clóset y yo al menos no tenía a nadie más que a él para conversar del tema. En nuestras conversaciones empezamos a darnos cuenta de la enorme cantidad de similitudes que tenemos en común, referentes a nuestros gustos, preferencias, formas de pensar, etcétera. De hecho era tanto a veces que él, poco dado a hablar en extenso, decía que le impresionaba lo parecido que éramos. Cuento corto: empecé a sentir cosas raras por él: necesitaba conversar con él cada día, necesitaba que él supiera de mi día y yo saber del suyo, y esto unido a nuestro parecido me hizo verlo como una media naranja. Sin embargo fue un proceso largo hasta darme cuenta de que estaba enganchadísimo a él, y cuando me empecé a dar cuenta fue muy duro para mí porque sabía que a él no lo podía tener por ser yo aquella clase de hombre que los gays rechazan a priori (si alguien lee esto y no sabe, piense 30 segundos y lo sabrá, pero se trata de algo que salta a la vista). Entonces fue ahi que empecé a sufrir, a pasarlo mal por dos motivos: el primero era que no iba a estar dispuesto a nada conmigo; y segundo, porque mi conciencia me incitaba fuertemente a decirle la verdad de mis sentimientos y no tenía el valor.

Acto seguido, aproximadamente en agosto, cae una bomba atómica en el centro de mi pecho: me cuenta que hace pocos días estaba andando con un tipo al que conoció por chat y al otro día de chatear por primera vez ya estaban andando. Justo en mi momento de mayor vulnerabilidad me cuenta esto lo cual me hizo sentir, por un lado, muy mal, porque andaba con otro y no conmigo, y porque andaba con un tipo que había conocido el día anterior y a mí que me conocía hace cuatro meses me trataba, a pesar de todo, como uno más de los que pululan alrededor del chat gay, lo cual para mí resulta ofensivo. Pero a pesar de todo, me sentía feliz por él porque él se expresaba contento por la situación y porque a mí me hacía feliz que él estuviera en una relación porque pensaba que se lo merecía.

El problema fue que mi fortaleza no duró mucho y porque él se empezó a comportar conmigo de manera tal que yo estaba seguro que intuía lo que sentía por él. Así que como al mes le dije lo que sentía. Recuerdo que le dije que estaba súper enganchado a él, a lo que él respondió que se sentía halagado pero que entendiera que él se encontraba en una relación. Luego de estas escuálidas palabras me cambió el tema y jamás volvimos a ser los de antes. Jamás se volvió a hablar del tema.

Resumiendo, según lo que me contaba con cuentagotas, la relación era insatisfactoria para él porque el andante no era lo que él pensaba que era. Según lo que interpreto de sus palabras, una vez que tuvieron amague de sexo el andante no se comportó como lo esperado y en ese momento la relación empezó un trayecto de colisión irremediable. Sin nadie que pusiera término oficial a la relación, ésta se extinguió tácitamente aproximadamente dos meses después de su inicio.

Nótese que cuando me comentó lo del sexo me sentí pésimo; creo que él no debiera haberme hablado del tema sabiendo lo que sentía por él.

Por nuestro lado, nuestra relación cambió cuando terminó con su andante. Nuestras palabras eran más afectivas pero eran sólo eso: palabras. También me di cuenta de que se puso muy frívolo y empecé a sentir miedo... a mí me encantan los hombres guapos y el sexo (a pesar que hasta hoy no he tenido) pero por la forma en que él hablaba sentía que se iba a meter con un desconocido en cuestión de días. Esos pensamientos causaban en mí gran angustia. Aparte nunca me preguntó sobre lo que yo sentía por él, de acaso por qué yo le había dicho lo que le dije cuando él estaba en una relación y no antes. Tampoco yo hablé del asunto pero le tiré cientos de indirectas ante las cuales sólo había como respuesta un rotundo silencio o una risa que daba paso al cambio de tema.

Entre medio lo pasé muy mal por esto, muchas veces me quedaba dormido entre lágrimas porque sentía impotencia de no poder tenerlo, y rabia por la forma en que me había tratado y su indiferencia hacia mí. Me dormí y desperté pensando en él todos los días por lo menos hasta diciembre, no sé cómo no me fue mal en la universidad. Hasta que el día llegó: una mañana luego de haberme quedado dormido llorando, desperté sin pensar en él y pasaron varias horas del día hasta recordarlo: lo estaba olvidando después de seis meses de tenerlo en mi cabeza 24/7.

Sabía que lo único que podía pasar en estos casos era tener una relación con él o erradicarlo de mi vida. Lo de la relación jamás iba a ocurrir por lo que tomé la decisión de sacarlo de mi vida, algo que era muy fácil ya que tenía sólo que borrarlo de MSN, pero nunca me hice de valor, ya que cuando me disponía a hacerlo este tipo se comportaba como si lo intuyera (porque yo no decía nada) y me decía algo que me llegaba al corazón, como su saludo de año nuevo por ejemplo. Pero cuando se fue de vacaciones y estuvo varios días sin meterse a messenger, lo hice. Sólo lo bloqueé de MSN, sólo el primer día del bloqueo lo vi conectado, de ahi en adelante nunca más se metió... quizás él también hizo lo mismo o puede haberse dado cuenta de lo que hice y él hizo lo mismo: simplemente extirparme de su vida.

Nunca fue mi intención tratarlo mal, no quiero ser un gallo malo pero no hay otra forma de terminar con ésto. No quise eliminarlo de MSN, no quise dejar de hablar con él, a pesar de cargarme que hablara de la cintura para abajo casi todo el tiempo. Quiero saber de él, quiero saludarlo para su cumpleaños, quiero preguntarle cómo está de vez en cuando...